Atención: Foco visual vs Foco de atención
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Atención: Foco visual vs Foco de atención

Empecemos estableciendo a qué llamamos campo visual. Cuando fijamos la vista al frente estamos mirando al centro de nuestro campo visual. Pero no podemos olvidar que tenemos dos ojos que capturan y envían información al mismo tiempo. Toda la información que queda a la izquierda de este centro es el campo visual izquierdo y toda la información que queda a la derecha es el campo visual derecho. 

Campo visual derecho e izquierdo
Vista del cerebro desde abajo

Cómo se muestra en la imagen las visiones de cada ojo perciben un campo visual amplio que se extienda más allá de la línea central de nuestra visión. La información capturada por el campo visual de cada uno de nuestros ojos viaja a la parte correspondiente del cerebro, es decir, la información del campo visual del ojo derecho más la información de lado derecho captada por el ojo izquierdo es enviada a la mitad derecha del cerebro, más exactamente a la corteza visual derecha del cerebro (fíjate en el campo visual en morado para seguir el flujo descrito, ten en cuenta que la imagen muestra el cerebro como si se tomase la “foto” desde abajo para interpretar los lados correctamente).  Es allí donde se procesa la información para producir la imagen combinada de ambos campos visuales. Quizá ahora puedes entender porque se dice que en realidad vemos con nuestro cerebro.

El Foco de Atención

En muchas ocasiones cuando hablamos de la atención se suele usar como metáfora el foco que dirige nuestra atención en un escenario sobre una parte de éste en la que está teniendo lugar la acción hacia la que el director de escena quiere dirigir nuestra mirada

Ya hemos dicho que la atención visual es el mecanismo mediante el que seleccionamos en que parte de todo el mundo disponible a nuestros ojos centramos nuestra atención. Pero nuestra atención no permanece fija en un punto, puede estar centrada en ese punto durante unos instantes para luego trasladarse a otro punto distinto en una fracción de segundo. 

Ahora quiero invitarte a que participes en un pequeño experimento. A continuación te muestro un vídeo del programa Brain Games de National Geographic (apasionante, no te lo pierdas si puedes). Quiero que sigas las instrucciones al comienzo del vídeo y te fijes en los saltos que hace cada uno de los componentes del equipo con camiseta verde  y los cuentes, el resultado será importante luego

Espero que me disculpes por haberte engañado un poco para cumplir con el objetivo de este experimento, probar el efecto de la ceguera inatencional o de la atención selectiva. Básicamente lo que implica este fenómeno es que cuando tenemos el foco de nuestra atención estrechado para mantener la atención en algo en particular que requiera recursos cognitivos (como contar los saltos), sometemos a nuestros sentidos y a nuestro cerebro a cierto estrés.

Ya sabemos que nuestro cerebro busca siempre optimizar sus recursos. Dado que no tiene capacidad para almacenar los datos de todos los detalles disponibles en nuestro campo visual tiende a procesar sólo la información dentro de nuestro foco de atención (visión central) y desecha toda la información que no es relevante para su objetivo (visión periférica). Fruto de ese proceso es este curioso fenómeno que nos lleva a que seamos perfectamente capaces de obviar información relevante que estaba justo delante de nuestras narices en la escena en que teníamos puesta nuestra atención. 

Es muy probable que hubieras visto el vídeo del experimento original de Christopher Chabris y Daniel Simons, autores del termino ceguera inatencional, en el que tenías que contar cuantas veces se pasaban la pelota un grupo de chicos con camiseta negra (el foco de nuestra atención) mientras alguien disfrazado de gorila recorría el escenario de lado a lado. Incluso aunque el estímulo intruso está en movimiento, algo en lo que nuestra visión periférica es excelente como hemos visto, el gorila pasa desapercibido para muchos de nosotros.

He preferido usar este otro ejemplo en lugar del experimento original con la intención de intentar sorprenderte aunque los autores del experimento demostraron que una vez que tu cerebro espera que pueda ocurrir algo tan peregrino estará más preparado la siguiente ocasión para detectarlo, es lo que tiene el aprendizaje. Estos dos psicólogos recogieron este fenómeno y otros igual de interesantes en su muy recomendable libro El Gorila Invisible.

Ahora te recomiendo que veas el siguiente vídeo. En esta ocasión te reto a que puedas identificar todos los cambios que se producen a lo largo de esta historía policiaca para resolver un crimen ¿cuántos serás capaz de identificar ahora que estás alerta?

Probablemente aún sabiendo que te iban a engañar no hayas sido capaz de ver todo lo que pasaba en la escena mientras prestabas atención a la historia. Espero que ahora estés más convencido sobre lo selectiva que es tu atención.

Se llama saliencia a la capacidad de un objeto para sobresalir de entre los elementos de su entorno más cercano. La saliencia de un estímulo será, por lo tanto,  determinante a la hora de establecer cuándo un estímulo intruso, como el gorila del ejemplo de Simons y Chabris, tendrá la capacidad de entrar en nuestro foco de atención. Cuanto menos destaque ese estímulo intruso (ese oscuro y peludo gorila) entre el resto de los elementos de la escena y cuanto más estrecho sea el foco de nuestra atención menor será la probabilidad de que seamos capaces de verlo.

Cuando estamos inmersos en una tarea que concentra nuestra atención (como contar los saltos del equipo verde en el vídeo anterior), cuanto más recursos de nuestro cerebro consuma la tarea más y más se estrechará el foco de nuestra atención. Cuanto más estrecho el foco de atención también será mayor la dificultad de ser conscientes de la presencia de un estímulo intruso.

El tamaño del foco de nuestra atención también puede variar según el contexto o la tarea que estemos realizando. En ocasiones nuestro foco se ampliará en el caso de que tengamos que evaluar un contexto más amplio,  pero en otras se puede estrechar considerablemente para centrarse en algún detalle específico tan pequeño como, por ejemplo, una letra. Al tamaño de ese foco se le suele llamar ventana atencional.

La habilidad para focalizar la mirada y nuestra atención en algo y percibir los detalles menores de un objeto o una situación nos sirve, por ejemplo, para encontrar a una persona concreta entre un grupo de personas o para detectar una expresión fugaz que nos puede decir mucho sobre lo que pasa por la cabeza de nuestro interlocutor. Interactuar con éxito con el mundo que nos rodea requiere tanto del procesamiento local (foco estrecho) como del global (foco amplio) porque los objetivos de cada momento pueden basarse en uno u otro tipo de información o en ambos. Para ejemplificar este proceso podemos usar una figura Navon, una figura creada a partir de letras (local) que conforman otra letra (global) como veremos a continuación: 

Si le mostramos fugazmente a un usuario esta imagen normalmente no tendrá ningún problema en identificar una letra E y una letra H, . Esto es el resultado de que, el individuo al prepararse para el test probablemente haya ampliado su foco de atención. Sin embargo si le pedimos que identifique cuál es la letra de la que están formadas esa E y esa H encontrará muchas más dificultades, especialmente si añadimos un factor de confusión como el del ejemplo de la H. Para poder identificar las letras que componen la E y la H necesitaríamos estrechar nuestro foco para poner la atención en los detalles.

Mirada y Atención

Es imposible hacer un movimiento de los ojos sin que haya habido previamente una captura de nuestra atención al lugar de ese movimiento, la atención siempre precede al movimiento de los ojos.

Captar nuestra atención y realizar un movimiento de nuestros ojos son cosas distintas que no tienen que estar directamente conectadas. Supongamos que nos han encomendado una tarea para buscar algo en la información que se muestra en la pantalla y, de repente, aparece un objeto de manera imprevista. Nuestra vista no siempre se dirigirá hacia ese objeto puesto que podemos resistirnos a la llamada de atención. Sin embargo, la aparición de ese objeto puede afectar a la tarea en curso ya que el hecho de reprimir el impulso de mirar el objeto de manera consciente para poder mantener la atención en la tarea en curso ralentiza el tiempo de reacción para la tarea o, en otras palabras, consume recursos cognitivos que, como ya sabemos, son limitados. En conclusión, si quieres mantener la atención de tu usuario fija en algo evita los factores de distracción en la medida de lo posible.

Un ejemplo de está logica en el funcionamiento de la atención aplicada a la experiencia de usuario estaría en las diferencias en un ecommerce entre el diseño de la página de una categoría de producto y el proceso de check-out de la tienda. En una página de categoría es más probable que el usuario esté en un modo inspiración, en especial en una tienda de moda como la del ejemplo (Zalando) . Esto implica que su ventana atencional estará abierta de par en par y, por lo tanto, será más susceptible a ser capturado por los elementos gráficos usados para destacar las campañas del momento que en este caso incluso incluyen hasta el uso de un vídeo.

Sin embargo, cuando el usuario está en el proceso de check-out su ventana atencional se hace más pequeña, como un ojo de buey, en torno a la tarea en curso: finalizar la operación de compra. En este contexto los elementos que puedan distraer la atención del usuario son factores de riesgo para la finalización de la compra, el objetivo final para la tienda online y, en principio, para el usuario también. Como se puede observar los elementos visuales presentes en el diseño de interacción son los meramente imprescindibles, las fotos de producto (te recordamos lo que estás comprando) y los botones para continuar el proceso de compra (la siguiente acción que queremos que realice nuestro usuario).

Todo lo expuesto nos lleva a entender que la atención, un requisito fundamental para poder interactuar con la parte consciente del cerebro de nuestro usuario, no sólo está condicionada por las señales de nuestro aparato sensorial (muy especialmente de nuestra visión). Dependiendo de la complejidad intrínseca de cada tarea que realiza el usuario su ventana atencional será diferente, más amplia o más estrecha según la carga cognitiva que tenga la tarea. Pero también sabemos que nuestra atención puede verse capturada por distracciones que serán más o menos efectivas según la ventana atencional en cada momento.

En momentos en los que no queremos que el usuario distraiga su atención de nuestro objetivo deberíamos evitar todo elemento que pueda suponer una desviación de la atención hacia cualquier asunto que no sea el prioritario. Al mismo tiempo tenemos que lograr que su atención se centre en la siguiente acción que queremos que realice el usuario, no sólo reduciendo las distracciones posibles, como en el check-out,  sino haciendo que el camino a seguir sea lo más sencillo y evidente posible.

Agradecimientos:
  1. Foto foco: Luis Morera en Unsplash
  2. Foto cabecera: Matt Noble en Unsplash

 

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